Así se tomaron Walpasiksa

Publicado: 8 abril, 2010 en Reportajes

El jefe de la Dirección de Investigación de Droga de la Policía Nacional, revela paso a paso la estrategia utilizada por el narcotráfico internacional para instalarse y operar en la pequeña y lejana aldea de pescadores e la Costa Caribe. Complejos “programas de mejoramientos de vida” y la promesa de un futuro mejor, la carnada perfecta para las comunidades abandonadas a la buena de Dios

Por Mauricio Miranda
mauriciomiranda@conexiones.com.ni

Los primeros reportes de Inteligencia de la Policía Nacional señalaron a Fernando Meléndez Paudd, miembro del temible Cartel de Cali, como el autor intelectual del caso que marcó un hito en la historia de la narcoactividad en Nicaragua. Este colombiano calvo, ñato, moreno quemado y de barba montaraz, que oculta su astucia para el crimen internacional detrás de su mirada serena de monje tibetano, había fijado su domicilio en la casa número 35 del cómodo y apartado residencial Campo Bello, ubicado en el kilómetro 12.9 de la carretera hacia Masaya.

A pocas casas de distancia, en la número 29, se había instalado el otro sujeto clave de este caso: su propio hijo. Prófugo desde diciembre pasado desde antes de ganar fama en las portadas, colombiano con cédula nicaraguense, el “empresario” de 44 años y casado, Amaury Paudd, identificado también en los registros de investigación como José Alberto Ruiz Cano o Alberto José Ruiz Cano, alias “AC”.

De acuerdo al Jefe de Investigación de Droga de la Policía Nacional, comisionado mayor Esteban Guido, esta pareja (particularmente “AC”, siguiendo las orientaciones de su padre) montó en un lapso de dos años, una sofisticada estructura para el transporte de drogas por la Costa Caribe nicaragüense. No sólo llegaron a garantizarse las condiciones para enviar libremente importantes volúmenes de narcóticos de sur a norte a lo largo del litoral, y cuya cifra exacta ya resulta imposible calcular, sino que levantaron su propia “empresa” que brindaba los servicios de resguardo; abastecimiento de combustible; y transporte a otros narcotraficantes que operaban en lugar.

Explicó que “AC” y compañía (narcos hondureños, colombianos, guatemaltecos, peruanos, mexicanos) llegaron como forasteros dispuestos a desarrollar vías de comunicación en la difícil y alejada Walpasiksa, aldea ubicada a 60 kilómetros al sur de Bilwi, Puerto Cabezas. El modelo para ejecutar estos trabajos, sería el realizado por los operarios de las empresas internacionales que mantienen el sistema de fibra óptica de Internet en la costa Caribe de los países de la región: Colombia, Panamá, Nicaragua, Honduras, y que hacían periódicas visitas en las comunidades del litoral nicaragüense.

“Ustedes saben que las tuberías, o el cableado de la fibra óptica internacional de Internet, pasa por el Caribe. Corn Island, Bluefields, Puerto Cabezas, eran lugares donde los trabajadores de esta empresa de Internet se reagrupaban y veían el avance del proyecto. Entonces, bajo ese mismo diseño se montó el narcotráfico con “programas de mejoramiento de vida”. Les llegaron a proponer inicialmente a los comunitarios, que ellos no necesitaban salir al mar para comunicarse entre comunidades. Que en las zonas pantanosas bastaba crear canales de comunicación, de manera que se pudiera ir, por ejemplo, de Walpasiksa a Wountha sin salir por el mar. Fue así como empezaron a contratar a los comunitarios para desarrollar el “mejoramiento de las vías de comunicación” en el Caribe”, y así los aldeanos de Walpasiksa les tendieron la mano a los forasteros que prometían el desarrollo que en casi 200 años y 40 gobiernos, no habían logrado alcanzar.

Las “mejoras para el progreso” le cambiaron el espíritu al caserío de tablas, sobreviviente de milagro del último gran huracán, y donde casi todas las generaciones de niños, madres y abuelos, provienen de la misma casta de nativos adiestrados en el arte de la pesca a punta de pulmón. Con el mismo ímpetu de marineros soñadores con que eran capaces de convertir los árboles en cayucos y los atardeceres tristes en canciones de mar, se dedicaron a cavar zanjas con las medidas exactas que los forasteros les habían dicho, en la dirección que les habían dicho, y con el ritmo que les habían dicho. Luego las rellenaron con palmas de coco hasta conformar los nuevos caminos artificiales, que hacían más fácil el tránsito a pie en los atolladeros pantanosos y aún entre las aguas de los ríos.

“Efectivamente se construyeron dos o tres canales. Si vos vas al Río Kua-Kua, a Prinzapolka, ellos construyeron un canal. Y todos sabían que allí había un proyecto de construcción de canales para el mejoramiento de las vías de comunicación”, relata el jefe policial. “De pronto se suspende el proyecto y viene un sustituto. Ya no siguen haciendo canales de comunicación, sino que empiezan a darles trabajo pero para que los cuiden a los patrones, para que les barrieran el patio, para que les limpiaran la casa cuando llegaran”, añade.

La Unidad de Producción Informativa de la UCA, conoció a través del organismo no gubernamental “Horizonte 3000”, que desarrolla actividades de prevención en algunos barrios en Puerto Cabezas, los salarios semanales que recibían los aldeanos por su nuevo trabajo.

Las fuentes que brindaron la información a esta comisión son jóvenes de Walpasiksa. “Un muchacho me decía que si el chavalo era joven y sin compromiso, le daban 20 dólares. A las madres solteras les daban 100. Si en la casa vivían muchas familias, les daban hasta 400 dólares. Y donde los narcotraficantes llegaban en la noche, y dejaban su droga amontonada en un lugar, a los celadores les pagaban cada noche 100 dólares por cuidar”, revela Gabriel Mercado, uno de los cinco promotores del organismo.

Con el tiempo, las voluntades se fueron comprando, pues ya todo sólo era cuestión de calcular la necesidad en el rostro de los aldeanos. Sin agua potable (sólo el 10.06 por ciento de la población tiene acceso en la zona de Prinzapolka, zona donde está Walpasiksa, según el más reciente Informe de Desarrollo Humano de la Costa Caribe) y sin energía eléctrica, el amargo y largo trago del abandono estatal bien se podía soportar con algunos fajos de billetes frescos. “En algún momento, hasta llegamos a comprender a los comunitarios”, admite el comisionado mayor Esteban Guido.

La manera con que “AC” llegó a Walpasiksa como el gitano Melquíades a Macondo, aquel personaje mítico creado por Gabriel García Márquez, y que anunciaba los nuevos inventos del mundo reciente, es el vivo ejemplo de cómo el narcotráfico realiza estudios sobre las necesidades básicas de pueblos enteros sumidos en la extrema pobreza y víctimas del olvido político.

“El narcotráfico tiene sus fuentes de información. Sabe qué comunidades están en el abandono. Conoce el grave problema de la pesca artesanal en Nicaragua. Conoce las limitaciones del Estado nicaragüense para ejercer soberanía sobre su territorio”, explica Félix Maradiaga, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Americana (UAM), y ex asesor del Ministerio de Defensa durante el gobierno del presidente Enrique Bolaños.

De acuerdo a las investigaciones policiales y a la acusación contra los Paudd y compañía, los habitantes de las comunidades de Haulover, Wountha, Kukalaya, la Laguna de Kukalaya, y otras localidades, asumieron funciones más activas para las operaciones de esta narco organización.

Una de las personas escogidas por “AC” para realizar esta tarea de conformación de estructuras, era Carmelo García, el Juez Comunal de Walpasiksa, quien “aprovechándose de la problemática de varias de las comunidades”, “constituyó grupos de personas denominándolos “Grupo Estrella”, “Grupo Especial” y “Grupo Adicional”, quienes realizaban la labor en tres niveles: Cuido (escoltas), Labor (caleteo y otros), y Trabajo (transportar droga)”.

“El acusado Alberto José Cano, realizaba pagos de tres mil a ocho mil córdobas por actividad, dependiendo del nivel alcanzado dentro de la organización, a las familias de Walpasiksa, por estar constituido en el lugar, y además brindarles seguridad y apoyo logístico, manejando el acusado Alberto José Cano aproximadamente de tres a cinco millones de dólares”, establece el Ministerio Público en su escrito, que conforma el expediente judicial 179-517-09-PN.

Jóvenes que apenas podían escribir su nombre, se presentaban personalmente desde cualquier comunidad ante “AC” en Walpasiksa, a pedirle trabajo y formar parte de la organización, comenta el comisionado mayor Esteban Guido.

“El trabajo de seguridad era que nadie los llegara a molestar cuando el patrón estaba dormido. Lavarle las sábanas, que eran de seda. El mosquitero, cambiárselo cada cierto tiempo. En la noche, estar con la pistola para que no se acercara ningún intruso. Ese era el trabajo de seguridad”, señala el jefe policial.

En un nivel más estrecho del círculo de confianza, estaban los que se encargaban del “caleteo”. “Cuando AC se venía para Managua, o se iba para (la isla de) San Andrés, desarticulaba todo. Cuando llegaba, ya los contrataba como trabajadores. Esto ya era ir a construir caletas, que fue el entrenamiento que les dieron cuando construyeron los canales”, detalla.

Y en el círculo más pequeño, el “personal” (cuido), que “era selecto, era gente que respondía a la organización. Generalmente eran colombianos, hondureños, peruanos, guatemaltecos, mexicanos. Nosotros llegamos a determinar que de la comunidad cinco eran del nivel de personal”. “Pero la pregunta es: ¿Eso es delito? Le estaban trabajando a un narcotraficante. Pero a su real saber, sólo estaban desempeñando un trabajo”, señala.

De los 39 implicados en la acusación por el caso Walpasiksa –que estremeció con titulares en diciembre pasado tras el enfrentamiento armado donde perdieron la vida un teniente y un sargento del ejército, y un comunitario–,18 son originarios de esta aldea. Algunos de ellos pangueros, obreros de la construcción, comerciantes, un miembro del Consejo de Ancianos (Catalino Meza), y el juez comunal (Carmelo García, prófugo).

Otros 13 implicados, son originarios de las comunidades aledañas: Haulover, Lamlaya, Laguna de Perlas, Palpa… De todos ellos, sólo tres quedaron detenidos.
Entre los prófugos está “AC”, quien tal vez reaparezca un día anunciando algún nuevo invento del mundo reciente para ganarse de nuevo la confianza de los aldeanos pescadores.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s